Copos, tiburones y turistas

Su último cliente no había sido nada especial, una señorita pintoresca que le preguntó por sirope light, justo antes de “zamparle” un buen poco de chocolate líquido encima y una bola de helado. Esta es la historia de un copero honesto, de esos que olvidan que los turistas no quieren que les quiebren su fantasía, mucho menos los que vienen a Costa Rica.

Caminando por Playa Hermosa

Una pregunta simple fue la semilla de toda una inusual conversación –

-Ya fueron a snorkelear?

-Ostia tío, que me aterran los tiburones, ni de coños me meto a buscarlos.

– Ah no, no se preocupe, si aquí no hay tiburones, todo tuanis. – Para este punto ya mi prejuicio había atacado la conversación y como josefino conservacionista, asumí que lo que iba a decir era una simple explicación sobre lo amable que son los tiburones “pura vida”.

– Como que no hay tiburones? Si esto es el trópico, han de haber aletas por todo este sitio! Sí que lo he visto en Discovery.

– Le digo porque no hay? – Prosiguió el copero con la seguridad que tiene un PhD presentando su investigación de post doctorado – Antes esto estaba lleno de tiburones, ya casi no hay, si antes veía diez ahora solo ve, tan siquiera uno. El gobierno sigue insistiendo que cuida los tiburones pero yo creo que es mentira. Hace poco salió en el periódico que importamos un montón de aletas de tiburón martillo a Hong Kong o no sé dónde, y tan solo un ratico después de que Costa Rica haya sido el que empujó su cuido. Peor aún, lo que más agarran los barcos camaroneros después de pescado, son tiburones pequeñitos! Y el país sigue exportando aletas de tiburón para la sopa de aleta. Ustedes saben que es la sopa de aleta? -Preguntó a los turistas boquiabiertos – la sopa de aleta es un plato muy fino de la gastronomía asiática. Un platillo a base de aleta de tiburón donde el cartílago del animal, más que sabor da textura. Imagínese, ni sabe a nada!  Solo la gente de plata lo come y ha llevado a que los precios de las aletas se disparen, hasta 100$ por un combo de 5 aletas. Este comercio descontrolado e injustificado, así como la mala pesca ha llevado a que ya no hayan tiburones. La sopa de aleta ha hecho que los gobiernos de Costa Rica regalen los tiburones. Esa sopa y nuestra hipocresía ambiental es la razón por la que no va a ver tiburones mientras snorkelea…

Pero, pura vida, va a ver qué bonito se ven todos los pececitos de colores – sonrió alegremente.

La cara de asombro del turista desprevenido era solo comparable, con la mía y la magnificencia del copo tipo “churchill” que rebosaba de leche condensada, glaseada con un toque de chocolate líquido y con un toping de “masmelo”, que le habían preparado mientras le regalaban semejante explicación.

Lo interesante es que lo único que falló fue el precio de las aletas. Un kilogramo de aletas de tiburón puede costar hasta 650$ en el mercado. Las poblaciones de tiburones han disminuido en las últimas dos décadas en un 90% y nosotros todavía somos parte del problema. El copero, lo sabe.

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